Borrell perdiendo forma —e inevitablemente— el fondo del argumento.

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¡Usted no sabe quien soy yo!

Descontrolado, amenazador y en ocasiones siniestro

¡Un autentico desastre!

Ninguna entrevista de este tono cambia nada. Son todo fuegos artificiales y ninguna claridad.

Pero, para aceptarlas hay que saber dónde se va y prepararse.

El programa que hizo perder los nervios a Borrell no oculta sus intenciones cuando se titula «zona de conflicto» y es una copia de ya clásica «charla difícil» de la BBC.

Lleva décadas en pantalla y los entrevistadores, como buenos profesionales, se documentan y ensayan previamente la entrevista.

José dio la impresión de haber hecho justo lo contrario, no estaba preparado ni sabia dónde estaba.

Autoritario y malhumorado, recurrió a la agresividad como método de control. No pudo hacer un peor servicio al país.

No se puede limitar la expresión a aquello que nos parece aceptable.

Los medios tienen sesgos, viven de las audiencias y el escándalo vende. Por este orden, crean opinion, hechos y realidades.

Pero como la democracia, son lo mejor de un insuficiente sistema de comunicación y por tanto insustituibles.

Este tipo de entrevistas, cuyo origen se explica más abajo, son el pan de cada día en muchos medios.

Entendiéndolas como una oportunidad no un desafío, tienen muchos modos de resolverse.

A continuación algunos ejemplos:

Con la soltura de un talento natural como Farage, al que como el buen Teflon, nada le altera, 2:16.

Con la mordacidad del ministro de asuntos exteriores de Serbia —que responde con la soltura de quien tiene dientes hasta en las uñas: «cuando deje de entrevistarse a si mismo, intentare contestarle» 5:33

O simplemente repitiendo la linea oficial sin pestañear, aunque se tenga que contradecir la doctrina del mismísimo Papa de Roma, 17:56.

La entrevista con Borrell se puede escuchar aquí:

Hugo Chávez ya lo decía, antes de conocer a Evole, de las entrevistas duras salen las repuestas mas contundentes (8:19)

Así es el superficial psichodrama, casi comedia, que nos lleva proporcionando durante décadas este presentador, educado en la vieja escuela de los debates del sindicato de estudiantes de Oxford.

Dónde se promueve, como en las antiguas Heliaia, o juicios populares griegos, provocar el fácil aplauso del público mediante el recurso al vacio «zasca» del youtube

Debates que, según la misma Oxford Union, han dejado una “huella en el mundo“.

Aunque quizás no implique el mundo «mundial», sino tal vez y con penas, el anglosajón.

Incluso algunos de ese mundo, como Jimmy Carter o el joven Donald Trump, son acogidos con gran educación y respeto, e incluso adulación preguntado por las proezas sexuales del entrevistado (13:12).

Periodismo gastado, que en el Reino Unido ni existe ni quieren, y exportan con Mehdi Hassan, otro graduado de Oxford como Tim, en Al Jazeera y Deutsche Welle.

Acusaciones provocativas de corrupción, tiranía o mala gestión que ni ofrecen ni novedades ni ahondan en los hechos. Farsa inconsecuente, de donde no se extrae ningún conocimiento.

99% de las entrevistas solo producen entrevistados repitiendo las mismas declaraciones habituales, las mismas lineas del partido.

En ocasiones mostrando una risa encantadora para negar las posibilidades de un conflicto belico en una de las zonas más peligrosas del mundo (4:00).

Eso si, los entrevistados salen envalentonados porque se han sometido a un supuesto duro interrogatorio democrático.

Pero se van sin decir nada de valor. Puro y banal teatro, cuando se entiende el mecanismo que hay que jugar.

Uno cimienta su negocio, otro obtiene carta de demócrata.

El asunto ya lo versificaba en 1570, Miguel de Cervantes y Saavedra:

Esto oyó un valentón y dijo: «Es cierto
cuanto dice voacé, seor soldado,
y el que dijere lo contrario miente».

Y luego, in continente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

La bravuconeria también se puede definir en prosa inglesa como inflammatory language and unfounded narratives based on cherry picking to bring shame upon the other person.

«Avergonzarse de encarcelar a una abuelita»… para hablar de una procesada por el Tribunal Supremo de España, seguro que no es periodismo, sino mala pantomima.

A Tim los prejuicios no le dejaron ver en José una persona muy experta, parte de un Gobierno español nombrado con los votos nacionalistas catalanes y vascos. Por lo tanto, sensible al dialogo y la negociación.

Confrontando la crisis más grave de su nación desde la ya lejana guerra civil.

Y cuyas implicaciones institucionales son mundiales.

Porque, independientemente de lo que se opine en el caso de los secesionistas catalanes, España se esta enfrentado a un reto al sistema politico basado en el principio jurídico de la soberanía del estado.

Sistema emanado de la historia de Europa de los últimos cuatrocientos años. Codificado en todos los tratados internacionales existentes, desde Westphalia en 1648, hasta la carta fundacional de las Naciones Unidas en 1945.

Ninguno de esos importantes aspectos, españoles o internacionales, apareció en su «espectáculo».

Todo fuego y ninguna luz.

A Tim su formación profesional como lingüista y después entrevistador, no le han proporcionado la sensibilidad para detectar asuntos políticos transcendentes.

Profesionalmente, solo es una caricatura de un enfadado adolescente universitario, buscando la polémica, descalificando a los demás, e intentado imaginarse como debería ser el mundo.

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