¿En democracia, hay solución para opciones étnicas intensas e incompatibles?

6dfsg46.png«No lo creemos».

Es en solo tres palabras, la conclusion final a la pregunta.

La respuesta la dieron dos catedráticos de ciencias políticas de Harvard y Stanford, autores de una obra de referencia en ciencias políticas sobre el gobierno de sociedades plurinacionales¹.

En su libro Política en Sociedades Plurales: una teoría de inestabilidad democrática, Rabushka y Shepsle presentan un modelo de desarrollo de los fenómenos politicos en las naciones multiétnicas, que ellos denominan plurales, combinando los comportamientos de las elites políticas y la población y basado en un amplio estudio de doce países en cuatro continentes.

Los requisitos para calificar a una nación como plural son tres:

  1. tener identidades diversas;
  2. organizadas en sectores políticos coherentes (partidos, sindicatos,…) y
  3. que sus conflictos se entiendan en términos étnicos.

Ello requiere las siguientes presunciones sobre la población:

  1. Consenso intracomunal, todos sus miembros tienen idénticas preferencias
  2. Conflicto intracomunal, las preferencias son intensas y por tanto mutuamente excluyentes
  3. Las decisiones colectivas se hace mediante elecciones, donde los partidos compiten por los votos y si un grupo es dominante en el tiempo condena al otro al ostracismo.

Basado en estas premisas, la teoría establece el siguiente comportamiento cronológico de las elites políticas:

  1. Cooperación preautogobierno, formación de una coalición multiétnica.
  2. Ambigüedad inicial, supervivencia de la coalición.
  3. Preeminencia de la etnicidad, generada por la ambigüedad y la aparición de la demanda de asuntos nacionales.
  4. Sobrepuja étnica. emergencia de politicos ambiciosos que provocan las pasiones étnicas y a la vez la ineficacia de la moderación y la agregación de intereses.
  5. Maquinaciones y desconfianza, si los políticos no alcanzan sus objetivos. Perdida de calidad democrática.

Desde un inicio los autores establecen claramente dos limitaciones: no pueden explicar la formación de preferencias políticas en la sociedad ni tampoco la otra cara de la moneda: como los políticos emprenden su acción.

Desde esa incertidumbre inicial, dejan muy claro que una vez establecidos los requisitos de definición e intensidad de preferencias, la política discurrirá inevitablemente por los cinco puntos arriba descritos.

La inicial coalición multiétnica una vez obtenido el autogobierno, convertirá la política común de extracción de poder del poder central, en una política de ganancia respecto a sus coparticipantes.

Cuando los intereses locales son mas prominentes las fuerzas locales ganan fuerza y la cooperación se hace cada vez menos necesaria.

A continuación los politicos, como publicistas, necesitan generar demanda y sensibilizar al electorado a los espacios politicos escogidos.

Comienza así una creciente etnicización de los bienes colectivos como educación, policía,… que se convierten en bienes propios de una comunidad étnica aventajada.

Los bienes comunes, por definición inclusivos, se convierten así en males para los colectivos que no participan de los mismos objetivos.

Una vez que la intensidad se ha establecido es muy difícil de establecer cualquier concesión a la negociación (ibid. p.73).

Para terminar, cuando las opiniones alcanzan una intensidad determinada, con la emergencia de movimientos que exigen un control total del estado (ibid. p.86).

De esta manera, los miembros de comunidades separadas, ahora connacionales, han internalizado una historia de conflicto intergrupal que se manifiesta de forma institucional en la nación estado.

Porque las preferencias étnicas son intensas y por lo tanto no negociables (ibid. p.66).

Con frecuencia la comunidad es el grupo con el que el individuo se identifica y al que otorga lealtad más fácilmente.

En sociedades étnicamente diversas estas lealtades (ancestrales, lingüísticas, religiosas, culturales,..), a su vez base de la cohesion política, pugnan por la autoridad política.

La democracia, como se entiende en el mundo occidental, no se puede sostener bajo condiciones de lealtades intensas y excluyentes, porque en estas condiciones los objetivos tiene mas valor que las propias leyes.

En contraste, crear identificación y cohesión nacional a través de plurinacionalismo depende de la aceptación por la sociedad de su existencia como un proceso dinámico.

Esto es, de la presencia —simultánea— en la sociedad de un conflicto continuo y la búsqueda constante de su solución.

Donde el pluralismo, de naturaleza competitivo, tiene que encontrar un equilibrio con el nacionalismo de naturaleza exclusivo.

El pluralismo étnico y el nacionalismo tienen que aceptarse mutuamente y reconciliarse en una democracia.

Porque en las sociedades heterogéneas, donde por definición existen multiples afiliaciones, los sentimientos primordiales se deben subordinar a los requerimientos de la sociedad civil.

La indispensable legitimidad necesaria para cualquier sistema democrático es una dimensión afectiva, que el propio sistema debe generar evitando excluir a los colectivos que la componen.

Ningún grupo étnico se someterá a procedimientos mayoritarios democráticos, supuestamente justos, pero que liquidan su cultura.

Generar un perdedor constante deslegitima a las instituciones  (ibid. pp.31-2).

La estabilidad y el futuro de una comunidad puede depender sobre su capacidad de escoger los asuntos que se pueden dilucidar públicamente (ibid. p.56).

Y evitar aquellas materias que muchos expertos como los Rabushka y Shepsle ya citados, consideran que —en condiciones de sociedades plurales— no tienen por su propia esencia solución democrática.


Referencias:

  1. Rabushka, A. and Shepsle, K.A., 1972. Politics in Plural Societies: a theory of democratic instability (Columbus, OH: Charles E. Merrill Publishing Co).

Nota:

Otra definición más genérica e igualmente operativa es: «grupo étnico es aquel que tiene respecto a sus miembros y a los foráneos un sentido de identidad e histórico singular». Parsons, Talcott, (1975). Some Theoretical Considerations on the Nature and Trends of Change in Ethnicity, in Glazer, Nathan; Moynihan, Daniel P. (eds.), Ethnicity: Theory and Experience, Massachusetts: Harvard University Press, p. 56.

 

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