El gran teatro del mundo

98745162.png«¿Qué fue el movimiento de derechos civiles si no drama?

Martin Luther King era el maestro del teatro callejero.

Nadie le hubiera escuchado si solo hubiese dado discursos».

La oposición a Trump «ha perdido la capacidad de dramatizar. El (Trump) entiende el espectáculo y el drama y ellos no»

Así dice Al Sharpton, activista por los derechos humanos, pastor baptista, presentador de televisión y radio, consejero de Obama en recientes declaraciones.

Apreciaciones similares a las realizadas por Hobsbawn (La Epoca del Imperio 1875-1914, 1989, p. 88) cuando describe el cambio que supuso la introducción en el XIX del voto popular en el sistema político de la siguiente manera (mi traducción):

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Pedro Calderón de la Barca (Madrid 1600-81) autor de El gran teatro del mundo

«¿Qué persona de estado, rodeado de periodistas llevando sus palabras a las más recónditas esquinas de las tabernas, dirá aquello que piensa?

Cada vez más los políticos esta obligados a atraer a las masas de electores, incluso hablarlas directamente o indirectamente a través del altavoz de la prensa popular (e incluyendo a los periódicos de la oposición)

Los hombres que gobiernan digan realmente lo que pensaban, solo lo pueden hacer en la obscuridad de los pasillos del poder, las reuniones, las reuniones privadas,… donde los miembros de la elite se encuentran en una atmósfera muy diferente de las comedias de gladiadores del parlamento y manifestaciones públicas.

La era de democratización se convierte así en la era de hipocresía política publica, o de duplicidad,…».

¿Falso, crudo, cinico…?

Hay sólidos profesionales que mantienen lo mismo, aunque también pueden ser excusas de político:

El resultado del acto simbólico, alegórico como el arte teatral, en la población que escuchaba la declaración de independencia si que fue crudo:

Pero no pasará factura. Como no lo pasó el fracaso del referéndum en Escocia. Una vez atrapados en la emoción (¡ay nefasta poesía!) es difícil volver atrás, como bien saben (y callan) políticos y reverendos.

Al final, el verdadero significado de estas alegaciones no lo va a establecer un historiador, ni un religioso, ni un político o tan siquiera un poeta, sino un importante regulador de los comportamientos de la sociedad: el juez.

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