Reseña de «Empantanados, una alternativa al sóviet carlista» por Joan Coscubiela

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La democracia secuestrada por la identidad

«Este libro es hijo de la duda» comienza Joan Coscubiela revelando la honestidad intelectual de este primerizo autor, pero histórico y experto dirigente sindicalista y comunista catalán.

No son palabras vanas. Reconocer el fracaso práctico de los dos principios fundamentales de la política de la izquierda en los últimos cincuenta años no es insignificantes. Tanto la no integración de la emigración obrera en Cataluña bajo el paradigma «un solo pueblo»; como la conveniencia de ejercer el derecho de autodeterminación («quizás no es lo más aconsejable en estos momentos»).

Ambas políticas defendidas con pasión a lo largo de su largo ejercicio político primero como secretario general de CCOO (95-08)  luego diputado en las Cortes (12-15) y finalmente miembro del Parlamento catalán (15-17). 

No es poco el esfuerzo de autocrítica realizado por este buen conocedor desde su inicio de la vida política la España constitucional desde sus orígenes. Su biografía es muy útil para entender, desde una perspectiva histórica, el desarrollo de la presente situación de la sociedad catalana y las actuaciones sus protagonistas políticos.

Hijo de obreros comunistas castellanos emigrados a principios de siglo. Coscubiela es también hijo de la gente de la Barceloneta, su modesto barrio pescador natal, y del trabajo y la lucha sindical. 

Posee la honestidad atrevida y áspera de quien todo lo debe a sus valores, disciplina y trabajo, como demostró cuando, en el pleno que votaba la ley de independencia, acusó a los independentistas, de despreciar la democracia y secuestrarla para su uso propio .

La intervención –que confiesa en libro le dejo disgustado y le llevo tiempo digerir, por ir contra de sus instintos de hombre de partido– tuvo una enorme repercusión y fue clave para deslegitimizar la actuación de las fuerzas independentistas ante la opinión publica.

Su trayectoria como firme partidario del derecho de autodeterminación otorgaba una veracidad incuestionable a las previas denuncias de arbitrariedad emitidas por Cds, PSC y PP. Acusaciones poco fiables para muchos que las consideraban sesgadas por provenir de representantes del nacionalismo español contrario a la consulta.

La última legislatura catalana lo retiró de la política. Representó, según sus palabras, a quien no le reconocía, el conglomerado Comú/Común, nuevo referente de la izquierda radical surgido del descontento causado por la crisis económica. Y así quedó sin más recorrido político.

Desde su posición de verso libre entre el secesionismo y el constitucionalismo, este férreo defensor de la autodeterminación, pero no de la independencia, nos propone en su  libro tres tesis para entender los procesos sociales profundos que determinan la presente situación:

  • Los nacionalistas han transformado las reivindicaciones de justicia social entre clases, en identitarias entre pueblos;
  • las causantes de la reciente radicalización secesionista del electorado son las elites políticas y
  • el proyecto de crear una Cataluña de identidad exclusiva catalana ha fracasado.

Su obra esta estructurada en tres capítulos. Los dos primeros ofrecen un interesante testimonio directo y un análisis de las causas del intento de secesión de Cataluña de octubre 2017. En el tercer y quizás mas disperso capítulo, esboza algunas acciones para gestionar la situación.

A continuación se resume la obra, seguida de un comentario critico.

1. Como la lucha de clases se convirtió en lucha de identidades

El prologo explica como se formo y luego distorsiono el pilar ideológico de la política catalana de los últimos cincuenta años resumido en el lema: «Catalunya, un sol poble».

Concepto esencial para entender la acción política del independentismo. Fue originalmente concebido por el PSUC y luego continuado por el PSC para integrar a la emigración castellanohablante.

Se promovió por tres razones: evitar la separación social de la clase emigrante trabajadora; mantener su fuerza negociadora y evitar una división en clave nacionalista catalana del moviendo obrero.

El principio, nos cuenta el autor, fue posteriormente incorporado como pilar doctrinario irrenunciable del nacionalismo pero con otros objetivos que «se están manifestando claramente excluyentes» porque «alimenta el imaginario… de ellos y nosotros» en relación con España y Cataluña.

Así concluye «el independentismo ha desempeñado el papel que en otros momentos de la historia protagonizaron los conflictos sociales… y se ha convertido en la única utopía disponible».

2. Como una identidad múltiple se convirtió en exclusivista y única 

El autor explica que el paradigma secesionista, ahora dominante, ha sido fabricado por las elites políticas a partir de varios elementos: un ideario establecido desde la reinstauración de la Generalidad; la competición por el voto dentro del nido nacionalista y la labor propagandista de lo medios de comunicación ligados al gobierno catalán.

Se describe como Pujol durante sus 23 años como presidente del gobierno catalán, estableció la independencia como «imaginario que la situaba en el horizonte». Cita como evidencia la temprana resolución 98/III de 1989, aprobada por Esquerra y CiU,  declarando la existencia de un pueblo soberano catalán, que fue seguida, afirma, por otras treinta resoluciones similares.

Otro elemento clave fue la constante sobrepuja entre CDC y ERC, para ganar el voto nacionalista, cuya consecuencia fue el crecimiento, a partir del 2010, del secesionismo en la población.

Coscubiela reconoce la responsabilidad de la izquierda no nacionalista en este proceso emulativo, cuando afirma que el Tripartito tuvo el «error de situar… el eje de la acción de gobierno en la reforma estatutaria, en vez de poner en marcha un proyecto alternativo en clave social».

El libro dedica amplio espacio a otro componente fundamental del proceso de radicalización nacionalista: la amplificación acrítica por los medios de comunicación afines del «poderoso relato de la independencia como solución a los problemas sociales» y de ocuparse «no de informar, sino de convocar manifestaciones»,

Respalda su afirmación con varios ejemplos. La promoción, como noticia «estelar de los informativos» durante meses por la televisión y radio pública de las consultas populares. Que nos recuerda, en su propio barrio de la Barceloneta y contra la información TV3, fue escasamente atendida. O el pretendido saqueo de las finanzas catalanas por la nación española repetido en los medios afines durante años. Esos supuestos 16.000 millones de deficit que ni el mismísimo consejero de Economía de la Generalitat, Mas Colell, reconocía y que cifró en solo 2.000. O la emisión en la televisión pública catalana, por entregas y durante varios fines de semana seguidos, de los informes del Consejo Asesor para la Transición Nacional destinados «a explicarnos las bondades de la independencia» como solución a los problemas sociales.

3, Como los sueños chocaron con la realidad y abrieron una brecha en la sociedad catalana

Astucia, nos dice Coscubiela, fue la palabra mas usada estos últimos años por los independentistas. Mientras recuerda, más con enojo que ironía, como dos  reconocidos hábiles políticos, Pujol y Salmond, se manifestaron repetidas veces en contra de apresurar un cambio constitucional sin el consenso necesario, porque según Pujol, podía producir un «efecto bumerán».

Así fue, el efecto de la declaración unilateral de independencia fracturó la sociedad catalana y se hizo visible con las masivas manifestaciones a favor de la unidad de España de Octubre 2017.

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División que las fuerzas independentistas negaron porque significaba «romper el imaginario de una Cataluña única y compacta» y reconocer que el conflicto existía en el seno mismo de la sociedad catalana.

En esta contexto, la aparición de Ciudadanos es interpretada como la expresión del resquebrajamiento del mito de «un solo pueblo».

Señala como causa no a la tan alardeaba astucia, sino a la simpleza de las acciones reivindicativas y al rápido retorno emocional que generaban. Porque creaba una ilusión que mutó en gran ficción y situó al independentismo lejos de un gobierno racional y de un mundo real.

El autor va mas allá cuando pone el cuestión el pacifismo del movimiento independentista que ha ejercido una constante «estrategia de intimidación emocional» a las personas que mantienen las opiniones contrarias.

Particularmente en los últimos años cuando los no independentistas has sido descalificados de traidores y antidemocratas.

Denuncia que describir a España como un país que no tiene solución, es una actitud supremacista inaceptable y advierte de indicios de la aparición de una derecha ultranacionalista xenófoba.

Esta estrategia del nacionalismo no solo ha limitado su apoyo en la sociedad sino que ha contribuido a desplazar en los últimos años el eje del conflicto que paso de ser entre Cataluña y España, a ser ademas, un conflicto dentro de la sociedad catalana.

«El próces ha causado la destrucción del catalanismo popular y su capacidad de inclusión». Este es, nos dice, el gran obstáculo para avanzar hacia la independencia y no la represiva actuación del Estado.

4. Propuestas del autor

Coscubiela denuncia a quienes quieren reformar todo, para siempre y sin acuerdo.

Señala que estamos ante múltiples disputas de: identidades; reparto de poder, intereses económicos y agravios. Para atenderlos, sugiere las siguientes acciones:

La discordia de identidades y reparto de poder mejoraría especificando el carácter plurinacional del Estado y estableciendo una reforma federal asimétrica que simultáneamente garantice la cooperación y la solidaridad, reconozca la singularidad de Cataluña respecto a los otros pueblos de España y permita acuerdos bilaterales entre los estados federados.

Los temas económicos deberían combinar más soberanía y poder fiscal con más equidad horizontal entre comunidades autónomas y cita, sin dar mucho detalle, un trabajo de un grupo de economistas.

El tan importante asunto de la dignidad, o su antónimo del agravio, esta en su parecer originado en la competitividad entre los diferentes territorios. Según Coscubiela, el agravio comparativo, el del café para todos, ha sido el verdadero motor de este asunto.

En Andalucía la izquierda usó la reivindicación autonómica para «tapar el vacío dejado por la falta de alternativas políticas en el terreno socioeconómico» o en la Comunidad Valenciana la derecha también ataco la singularidad de las comunidades de primer rango, como la catalana, cuando especificó en su último estatuto que asumirá automáticamente cualquier competencia que se obtenga por otra comunidad.

Estas son muy sucintamente las líneas argumentales de este interesante trabajo testimonial.

5. Comentario

El análisis del autor, cuando ignora la reciente crisis económica o el cambio generacional de todos los lideres del nacionalismo, deja en el tintero varios asuntos relevantes para explicar la radicalización presente.

También evita explicar la incongruencia de proponer que España deba ser plurinacional mientras promueve Cataluña como una nación única legitima y referencial.

Así mismo la repetida idea de que la globalización produce una reacción contraria identitaria o localista, no se ofrece sustentada en ningún caso practico y contradice el origen del nacionalismo catalán a finales del XIX.

Mas grave es proponer permitir acuerdos horizontales entre las partes federadas y favorecer al irredentismo vasco y catalán y sus ambiciones territoriales de crear dos entidades la Gran Cataluña y Vasconia que incluyan Valencia y Baleares y Navarra respectivamente. Sin dar mas explicaciones, el lector esta justificado en pensar que función cumpliría esta opción otra que renforzar al nacionalismo y crear graves alteraciones de la convivencia dentro de esas mismas comunidades.

Igualmente ofrecer soluciones constitucionales o económicas dirigiendo al lector, sin mas explicaciones, al trabajo de otros equipos (enlace) parece algo impreciso e improvisado.

Todo ello sugiere que como cualquier oferta política, la solución es más una delimitación de los temas de dialogo — muchos tan sobrados de ingenuidad como faltos de base empírica— que una oferta con contenido especifico y realizable.

En ocasiones encontramos también un innecesario tono desabrido. Por ejemplo, cuando dedica varias paginas a descalificar a los otros lideres políticos (aunque muestre cierto humor al tildar de cardenal a Junqueras por su duplicidad).  Un desquite innecesario que hurta al lector de comprender los sectores sociales que legítimamente representan otros partidos. Como gratuito es dedicar hartos halagos a los miembros de su partido. Algo más de equilibrio en forma y fondo hubiera beneficiado estas secciones.

Un caso es su áspera fijación con Ciudadanos como partido que «abandera la recentralización». Lo cual, ausentes el libro explicaciones o datos que sustenten esa afirmación, sugiere una salida de tono fruto de la frustración por la constatación del fracaso del proyecto inclusivo de las izquierdas catalanas en formar una única nación referencial: la catalana. Instrumental, como el mismo autor reconoce, para alimentar el proyecto de las elites nacionalistas y la división social.

Situación que hoy encuentra, a este sindicalista siempre dedicado a hacer la vida de muchos mejor, lleno de dudas.

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