Internacionalizar la historia para evitar narrativas nacionalistas

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Un magnifico historiador escocés presentó ayer un libro en el Festival de Edimburgo. Bajo su edición, se  reúne los resultados de la investigación de ocho autores sobre la intervención de los escoceses en el trafico de esclavos africanos de las colonias del caribe y america del norte.

La presentación, breve e informativa, discurrió sobre un trasfondo emocional palpable. Según sus propias palabras, el trabajo documentaba la mayor refutación de la narrativa histórica escocesa de toda su larga carrera profesional.

Contrario a las tradicionales creencias sobre la escasa participación escocesa en la trata y explotación de esclavos, el libro documenta la numerosa e intensa implicación en la trata de todas las clases sociales, desde marinos a medicos a propietarios o inversores.

Entre otros hechos, detalla la compensación recibida del gobierno británico por cesar las actividades esclavistas . El montante total recibido por los propietarios de esclavos escoceses por el valor de la propiedad perdida, fue superior a la media nacional británica.  En las primeras décadas del XIX, los propietarios de esclavos escoceses recibieron el 15% del montante de las compensaciones, mientras que la población total de Escocía representaba en torno al 9% del total del reino. Datos reveladores del grado de participación del país en la trata y explotación de seres humanos.

Mas aún, en el capitulo final redactado por el mismo, declara que los beneficios económicos recibidos por la sociedad fueron el factor catalítico (p.234, 239) del desarrollo industrial escocés en el siglo XVII, cuya intensidad y velocidad solo es comparable a la industralización soviética de principios del XX. Según el autor, Escocia paso en apenas dos décadas del tribalísmo a la roturación de campos, de la pobreza a la afluencia, de la dispersión rural a la concentración urbana. Todo ello en solo dos generaciones.

Sorprendentemente la calidad moral de la presentación declinó substancialmente en el turno de preguntas.

De la historiografía científica a la apologia patriótica.

En un intento de describir el pasado para crear el presente desde una vision exclusivamente anglosajona. El autor pasó, tal vez sin apercibirse, de un relato científico, pegado a los datos, a otro patriótico y apologético.

Según el historiador, el movimiento antiesclavista fue iniciado por los Quaker y la primera nación que prohibió el trafico atlántico de esclavos (no su propiedad) fue el Reino Unido en 1807. En el argumento hay tres ausencias reveladoras.  Obviar la revolución francesa y la mas antigua Acta de Comercio de Esclavos de Estados Unidos de 1800 o la similar legislación de Dinamarca-Noruega en 1803. Silenciar la falta de originalidad de una medida repetida por diversas naciones desde el siglo tercero de nuestra era (por ejemplo la española aboliendo la esclavitud de los nativos en 1542, ver aquí una lista). Por ultimo, no mencionar la exención realizada en la posterior Acta de Abolición de la Esclavitud de 1833 en su titulo LXIV, a su aplicación a los nativos de India, Pakistan y Sri Lanka. Dispensa mantenida, como la esclavitud en Brasil, hasta final del XIX (1). Asuntos que dan una perspectiva mas amplia y matizada a unas afirmaciones limitadas a un contexto exclusivamente nacional.

Ante una pregunta del público, continuo excusando la necesidad de compensar a las naciones caribeñas por los crímenes cometidos durante siglos de esclavísmo. Fundamentalmente, porque las generaciones presentes no tienen responsabilidad en el asunto. Mas aún, calificó de contradictorio que las poblaciones africanas residentes en Escocia (apenas llegan al 1% de la población) tuviesen que contribuir en la eventual compensación. Eso si sugirió como alternativa, la posibilidad de establecer una mayor colaboración y ayuda a la educación superior de los países caribeños, dado el escaso nivel de sus universidades. Proposición quizás algo carente de substancia.

También, justificó las enormes indemnizaciones pagadas a los propietarios de esclavos británicos en el XIX, porque se les compensaba por la perdida de su, legitima para la época, propiedad. Como mas pérfidamente la Francia post-revolucionaria forzó, mediante amenaza militar, a Haiti al pago de 150 millones de francos oro, diez veces sus ingresos nacionales, por las perdidas de los esclavistas. Para estas naciones tan civilizadas, el derecho de propiedad, no importe cual sea su origen o uso, es sagrado y prevalece sobre el derecho de la víctima a ser indemnizada.

Finalmente, describió el triste papel del calvinismo escocés del XVII justificando la moralidad de la esclavitud, amparándose en la doctrina de la predestinación; al mismo tiempo que alabo su papel en su condena  un siglo después. No ofreció explicación ninguna justificando tamaño cambio.

¡Alguien en la audiencia incluso llego a afirmar que la esclavitud ya existía en Africa!… patético y revelador.

El silencio habla

Pero, con frecuencia lo mas relevante es aquello que se calla.

Conocidas hipótesis alternativas fueron ignoradas. Para muchos e importantes historiadores, también británicos, el fin del trafico de esclavos se debió tanto o mas a su falta de rentabilidad económica, como a motivos morales.

Mas importante todavía, no se nombro en ningún momento las acciones de los propios esclavos. Ignorando, las multiples y repetidas sublevaciones realizadas desde el inicio del tráfico en toda la geografía americana. En especial la mayor de todas ellas. La revolución haitiana que condujo a la independencia del país. Negándoles a las víctimas cualquier agencia y protagonismo en su emancipación.

Coronada con éxito tres años antes de la prohibición británica del trafico marítimo de esclavos, la larga y numerosa rebelión haitiana del periodo 1971-1804 no tuvo, al parecer, ningún impacto en la nación británica. Reino tan esclavista como el francés y con territorios esclavistas vecinos a Haiti. Al parecer, las luchas sostenidas por mas de una década por los esclavos africanos y su victoria final, no tuvieron ningún efecto en las políticas de otras naciones esclavistas industriales.

Curiosa narrativa elaborada entorno a unos hechos reconocidos. Quizás no tanto destinada al reconocimiento del horror producido, como a evitar antagonizar al público y generar una memoria colectiva exculpatoria. O incluso, no enajenar el apoyo politico y económico a sus actividades. O yendo mas allá, en otras ocasiones destinada a llenar el hueco con una interpretación propia dejando el peso de la refutación a versiones alternativas.

Sin cualificar ni cuantificar el pasado (aunque los datos son todavía objeto de discusión, se estima que los británicos fueron responsables del 30-40% del total del trafico europeo entre los siglos XVI y XIX). Dejando de lado similares acciones de otras naciones. Ignorando a sus protagonistas y a otras naciones de la época. Pero eso si, glosando con detalle nuestras acciones exculpatorias y por supuesto, justificando no asumir mas responsabilidades que las meramente ceremoniales (ver video).

Si bien hace pocos años en el preciso momento del pomposo 200 aniversario de la firma de la prohibición del comercio de esclavos, un solitaria voz se hizo—justamente—oír:


Referencia:

(1) Andrea Major (2014), Slavery, Abolitionism and Empire in India, 1772-1843, Liverpool University Press. p.43

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